El segmento de reuniones se ha constituido en uno de los más importantes en la industria turística mundial. Las estadísticas de la Asociación Internacional de Congresos y Convenciones (ICCA), cifra en $600.000 millones las divisas anuales que genera, y la Organización Mundial de Turismo (OMT) estima que este mercado crecerá un 10% durante el próximo decenio.
América Latina tiene un enorme potencial de crecimiento en este segmento, reforzado por el alza de los precios en Europa y Asia. De esta forma, El Salvador, Panamá y Honduras están listos para aprovechar esta oportunidad. El Estado salvadoreño administra el Centro Internacional de Ferias y Convenciones; Honduras inauguró a finales de 2009 el Centro de Convenciones José Felipe Argüello Carazo, y Panamá encamina la construcción de su segundo centro de convenciones, con mayor capacidad que el Atlapa. ¿Y Costa Rica?
Costa Rica cumple ocho años de bien intencionadas -pero poco fructuosas- propuestas que están dejando escapar la oportunidad de competir igualitariamente con infraestructura de primer nivel. En este lapso tres proyectos quedaron encallados, a pesar de que existe desde el 2002 un decreto que declara de interés público la construcción de un centro de convenciones y ferias en un terreno de 23 hectáreas del Programa Integral de Mercadeo Agropecuario (PIMA), contiguo a CENADA.
Primero fue una propuesta del gobierno de Taiwán, que en octubre de 2002 ofreció donar $15 millones para la edificación de esta obra, durante la administración de don Abel Pacheco (2002-2006). Dada la emergencia provocada por el incendio de 2005 en el Hospital Calderón Guardia, el dinero se canalizó hacia la reconstrucción de este centro médico.
El segundo intento lo hizo la Municipalidad de San José en 2006, cuando propuso construir un centro de convenciones en los terrenos de la estación al Pacífico, propiedad del Instituto Costarricense de Ferrocarriles. La propuesta tampoco fructificó.
En el año 2007, se recibió con mucha expectativa la noticia de que los representantes de Feria Valencia habían escogido a Costa Rica como el destino para la construcción de un Centro de Convenciones de clase mundial. Seguimos con atención a los voceros cuando anunciaron una importante inversión que incluía -además del Centro de Convenciones- un parque ferial y de exposiciones, dos hoteles y oficinas, con una inversión cercana a los $250 millones de dólares y la cual sería construida en un terreno privado adquirido por Feria Costa Rica para tales propósitos.
Por una razón u otra, años después el país continúa sin una infraestructura ferial de primer nivel.
Por ese motivo acogimos con entusiasmo el planteamiento del Ministro de Turismo designado, don Carlos Ricardo Benavides, quien en conjunto con las cámaras empresariales del sector turismo proponen la alternativa de construir el ansiado Centro de Convenciones en un terreno público y haciendo uso de fondos de esa institución.
Esta es la norma en la mayor parte de los destinos de Turismo de Congresos y Reuniones, principalmente en América Latina, donde es el Estado quien desarrolla los Centros de Convenciones en terrenos estatales, ya que los beneficios que derivan de este tipo de visitación pueden permear varios sectores ya existentes como el de hospitalidad, restauración, tour operadores entre otros, garantizando de esta forma la mayor activación económica de las ciudades o países sede.
Por lo señalado anteriormente es que el desarrollo de este Centro de Convenciones en el terreno de PIMA por parte del ICT es lo correcto. Entregar un terreno estatal para el desarrollo de un proyecto privado que traerá prioritariamente beneficios a un grupo empresarial no es lo que necesita el país.
Así las cosas, al nuevo gobierno le corresponde el reto de situar a Costa Rica a la vanguardia de este sector turístico en la región. La tendencia de crecimiento y gasto de este segmento lo demanda. En los últimos tres años 16% de los turistas que ingresaron por el Aeropuerto Juan Santamaría lo hicieron por motivos de negocios. De ese total, un 22% asistió a convenciones, congresos o seminarios, lo que equivale a 50.000 turistas por año que gastan aproximadamente $200 diarios en una estadía promedio de 8 noches, para un egreso total de $1600 durante su visita. Es una ecuación sencilla, cada turista de congresos y convenciones gasta en promedio entre dos y tres veces más que un turista recreativo.
Un Centro de Convenciones como el que plantea el Instituto Costarricense de Turismo, concentrado en ofrecer servicios para reuniones de tres mil o cuatro mil personas se ajusta a la realidad de las potencialidades de nuestro país y del mercado.
Según estadísticas de la Confederación de Entidades Organizadoras de Congresos & Afines de América Latina (COCAL), el 80% de los eventos que circulan por América Latina son menores a los 3000 participantes por lo que un Centro de Convenciones como el que propone el ICT permitiría al país competir activamente en el mayor porcentaje del mercado de congresos.
Costa Rica debe aprovechar su prestigio internacional, la consolidada fama mundial de sus atractivos naturales, su ubicación estratégica y la conectividad aérea para aumentar su competitividad en el mercado del turismo de negocios, un sector que probó ser el menos sensible a los efectos negativos de la crisis económica internacional. No podemos darnos el lujo de esperar más.